Yo tenía miedo. De que me hiciera daño. De sufrir. De romperme. Puedes desmontarte una vez. Se coloca cada pieza en su sitio y se vuelve a empezar. El problema viene después de haberte descompuesto en partes muy pequeñas tantas veces. El problema es cuando te duele el más mínimo movimiento. Cuando tienes entumecidos todos los musculos de tu cuerpo, y no te queda sitio para querer entre tanto miedo. Y estás perdida.
-Mil océanos.- Susurró en mi oreja, agarrandome por detrás, por la cintura. Apartando mi pelo hacía un lado, posando sus labios en mi cuello. Cerré los ojos.
-Mil y uno.- Dijé en susurros con un hilo de voz. Eso fue suficiente.
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