sábado, 25 de febrero de 2012

Me cuesta respirar.

Yo solía guardar las lágrimas, contenerlas para que no escaparan. Pero aquella noche hacía demasiado frío, el tiempo parecía estancado y las palabras no cobraban sentido, y pues, las fuerzas, las ganas de luchar contra un ejercito mil veces superior a mi, se fueron por el retrete de aquel baño de un viejo bar perdido en las calles de la antigua ciudad. Así que cogí mi vieja coraza y la deje colgada en la barra, al lado de un vaso vacío de ron. Y allí, en medio de la pista, entre tanta gente, rompí a llorar. Sin piedad hacia mi misma, bailaba al compás de mis lágrimas, elevaba las manos, siéndome fiel. Prometiendo que sería la última vez. Lloraba, como una idiota. Quizás ahora no lo entendais, pero para mi, esos minutos de descanso fueron el motor hacia mi nueva vida, esas lágrimas se unieron y formaron un nuevo pacto. Y bailaba, parecía una más bajo los efectos del alcohol...Y no, no era así, estaba bajo los efectos del amor, lo cual es mil veces peor que cualquier Bacardi barato.
Creeis en los momentos fantásticos? Los finales felices? Yo si. Porque entre toda esa multitud de gente, apareció él, agarroó mis manos y me besó. No secó mis lágrimas, dejó que estás siguieran brotando, pero ya no estaba sola. Bailaba acompañaba. Lloraba a su lado.
Todo cobró sentido entonces, una noche fría en un bar viejo de la antigua ciudad.

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