Me miró de frente, sin esconderse. Me cogió de lleno.
-Perdón.- Dijo al fin y se encogió de hombros sin dejar de mirarme con cierto asombro. Me senté en una silla en frente a él y crucé los brazos. Algo me hizo pensar que el hecho de sentarme se debía al miedo instintivo que tenía de caerme en cuanto él se decidía a sorprenderme. No dije nada, me quedé mirándole sin saber que contestar. - Por hacerte daño una y otra vez. Por creerme que eras un juguete y olvidarme de lo importante que eres para mi. Perdóname.- Agarró mis manos con las suyas y acercó su silla a mi. Luego besó nuestras manos delicadamente y me miró a los ojos.
-Vale.- Asentí y desvíe la mirada al suelo. Él estaba extrañado. Confuso y ligado a las dudas.
-¿Ya está?- Asentí de nuevo. Cogí el valor de donde no lo tenía y hice un esfuerzo por se lo más sincera que pude.
-No puedo odiarte. Simplemente nunca lo he hecho, tan solo lo he intentado en vano. - Él suspiró.-
-¿Ves? Por eso lo siento. Yo jamás quise esto para nosotros. No me gusta que me mires con miedo, que te alejes de mi y te acerques solo por necesidad.- Hizo una pausa, yo solo quería escucharle.- Odio mirarte y no ver a la persona fuerte que deje aquella tarde. La niña que tenía ganas de vivir. Por eso tienes que perdonarme, a no ser que no quieras...¿Quieres olvidarme?- Abrí los ojos al oír aquella pregunta. Mes tras mes formulandomela a mi misma, con el eco de mi voz entre susurros de mi cabeza. Oírla ahora en boca de él era tan extraño que no podía evitar sentirme incómoda y pequeña.
-Si. Quiero olvidarte, quiero que te quedes aquí atado a esta silla junto con todos los recuerdos que tengo contigo. Quiero quemar la historia que en su día empezamos y a la que tu pusiste un horrible final. Quiero quemarla aquí mismo, ahora. Que sea como si nunca hubieses existido. Pero no puedo, porque estoy encadenada a ti y a tus ganas de destruirme día a día con palabras bonitas y hechos horribles. Porque te amo, y de todas las maneras, dando igual como empiece nuestra conversación, soy yo lo que acaba declarandose. Yo la que termina llorando.- Sonrío, aún que yo no entendí que parte de aquel discurso le resultaba divertida o agradable. Él se levantó.
-Está vez no. No vas a salir corriendo de aquí entre lágrimas y sollozos. Me voy yo, y tu te quedas con un buen recuerdo de este 12. ¿Vale? Tu recordarás que hoy te pedí perdón. Vas a recordar que me dijiste que me amas. Que no derramaste una sola lágrima. Y si ahora sonríes, recordarás eso también. -Echó a andar sin más. Yo todavía estaba boquiabierta. Entonces se giró una última vez.- Acuérdate también, de que yo te amo más.- Me guiñó un ojo y se alejó.
Aquello era rídiculo. Él había conseguido con un par de frases bien pronunciadas que todos mis miedos se fueran por la borda, junto con la intención de olvidarle. Él se había metido de nuevo en mi corazón. Se había hecho importante. ¡Qué demonios! Yo estaba feliz. Porque él me amaba. Y eso para mi era una razón para creer en un mundo mejor.
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