-La quiero.- Dijo, instintivamente, sin pensar. Entonces continué hablando, como si no le hubiera escuchado. Él parecía sorprendido, de él mismo, de sus palabras, podría decirse. - ¿He dicho, la quiero?- Preguntó, no se si a él o a mi. Asentí.
-Lo has dicho.- Dije, sin comprender del todo la causa del asombro.- Y es muy bonito.- Añadí y sonreí.
-La quiero.- Repitió. Una vez más. - La quiero de verdad.- Puse los ojos en blanco y le di algunas palmaditas en la espalda.
-La quieres. Muy bien.- El río y se rasco la nuca.
-Creo que estoy enamorado. Me he enamorado.
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