sábado, 21 de abril de 2012

Siempre tuya, siempre mío, siempre nuestro.

Estoy cantando una canción de amor como una simple enamorada, pero desde que tú te fuiste no puedo cantarla en condiciones. Se me cala la voz y ahogo las palabras. Desde que tú no estás yo ya no puedo beber un sorbo de café sin pensar en tus ojos curioseando(me) tras un periódico.  Desde que te fuiste yo ya no puedo, a secas, no puedo más. Los paseos se hacen cada vez un poco más eternos y mi abrigo me ruega tu perfume, que yo ya no encuentro por muchos frascos que compro, me reniega mi abrigo, ¿te lo puedes creer? Mi sombra siente miedo de nuevo, la tuya ya no la roza y sujeta su mano, quizás el miedo sea mío pues no encuentro la tuya, alta y esbelta, acompañada de la mía, difuminandose, pareciéndo solo una. Tengo miedo de que no vuelvas, de que ya no sea tarde dentro de lo que puede caber, han pasado varios días y todavía espero. Espero algo. ¡Qué digo! Te espero a tí.

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