Daniela está tomando un café con sabor a olvido en su habitación. Tiene las piernas cruzadas sobre la cama y la mirada perdida en el ropero. El móvil descansa a su lado, podría sonar en cualquier momento. Ahora estaría preparada. Y así pasan las horas, los días. Y Tom no aparece, Tom no vuele. Escucha una y otra vez su mensaje para asegurarse de que fue real, quiere tener la voz de él grabado, como mismo él dijo. No aparece, no responde su mensaje. Aún que no hay gran cosa que responder a un qué te den.
Daniela coge el móvil y empieza a teclear.
Todavía no encajo tus golpes, irónicamente lo único que encajo bien de ti son tus labios en los míos. Así que voy a desmontar todo el puzzle y quemar las piezas en distintas hogueras para que no puedan volver a juntarse ni por pura coincidencia si no me das una sola razón...
Antes de que pudiera enviar el SMS sonó el timbre y como si fuera su canción favorita pudo reconocer la voz
-Daniela? Soy...
"Yo" Músito boquiabierta Daniela desde su habitación.
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