No te molestaste en mentir o en cubrirte, no te fue necesario. Pensaste que sería mejor ser sincero, pero habría dado mundos por oír un último te quiero antes de que cruzaras esa puerta cargado de los recuerdos que me quedaban de ti. Cruzaste la frontera entre el presente y el pasado, y encerrado en nuestra habitación dejaste lo que pudo haber sido.
¿Kol? Yo solo llamaba para decirte que se te ha olvidado la pulsera de Paris bajo nuestra...perdón, mi almohada. Quería decirte también que dejaste parte de tus sueños impregnados en ella, y que lo siento, pero se están mezclando con tu olor a magdalena. Y que en el baño, donde tú cepillo de dientes solía descansar, todavía se enganchan tus risas, se estancaron ahí y no soy capaz de sacarlas. El espejo sigue reflejándote con la espuma de afeitar imitando una barba al estilo Santa Klaus, voy a llevarlo a arreglar, antes solía decirme lo guapa que estaba y ahora solo me recuerda lo guapo que solías estar tú. Supongo que seguirás estándolo. A todo esto, en el armario quedan todavía pegadas al fondo nuestras fotos, ¿podrías venir a sacarlas de ahí? Yo no soy capaz, me duele despegarlas como si de mi piel se tratara. Supongo que a ti no te importará quitarlas, me has arrancado ya tanto que no te supondrá gran problema. Y por último, ven corriendo que me pesa el corazón, está muy lleno de ti y quiero que te lo lleves todo, aún se oye el eco de tus pensamientos que relatabas en susurros solo para mi. Ven, descarga tu vida de nuestro apartamento, y ya si quieres, nos tomamos un café.
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