martes, 22 de mayo de 2012

-Y si decido abrirte.- Dijo él que se aferraba a el otro lado de la puerta, sentado, apoyando su espalda y por un momento creyó sentir la respiración de ella en su cuello.
-Apuesto lo que quieras a que estás deseando abrir.- Pronunció ella en el otro lado. Un escalofrío me recorrió la espalda y tomé aire.
-Pierdes.- Añadí yo con un pequeña y estúpida sonrisa, miré hacia el techo y apoyé la cabeza en la puerta, con las rodillas pegadas a mi pecho.
-Ninguno de nosotros tiene nada que perder ya.- Melancolía reflejada en sus palabras, por un instante la niña orgullosa se había desvanecido. - Dentro de lo que puede caber, claro.- Agregó.
-¿Dónde dejaste tu orgullo y todas tus ganas de vivir con el pelo suelto, correr sin reglas, vivir sin tener que cumplir expectativas?- Dije en el último momento, cuando ya estaba dispuesto a abrir la puerta.
-Están aquí, siguen conmigo, pero quiero compartirlas contigo de nuevo, vengo para quedarme Ron, me da igual si tengo que acampar en tu puerta.
Me levanté al tiempo que abría la puerta y pude verla, impaciente, con esos enormes ojos miel clavados en mi, casi boquiabierta.

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