El amor, como todo, tiene un final. Y no podemos querer un final feliz, porque si ha sido amor, nunca se va sin dejar huella. Los momentos felices, por algún motivo, se vuelven anhelos y los pequeños detalles, los gestos rutinarios, se convierten en cosas necesarias para vivir. El amor tal y como lo conocemos nos llena, y de esa manera cuando desaparece, va dejando un hueco en el pecho que cuando estamos solos es imposible de llenar.
Entonces yo me paro a pensar si realmente enamorarse vale la pena, y sonrío. Así es como salgo a la calle y pruebo fortuna, otra vez. Porque si te hace sonreír, no es en vano.
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