Tu me hiciste esto. Todos vosotros. Con cada golpe, hundiéndome. Con cada mentira, con cada promesa. Creando cicatrices, creando miedo. Haciéndome desconfiar de todos, de los que me intentan ayudar. Me hiciste esconderme, caminar por el lado seguro. No arriesgar, no dejarme llevar.
Pero mierda, es tan real. El dolor en el pecho, es mayor que el de una estaca que atraviesa el corazón de un vampiro. Es mayor que el veneno de Romeo y Julieta. Es morir por segundos. No soy esto, un juguete que espera en el suelo a que lo recojan. No pedí esto. Mis padres no me hablaron de que fuera a ser tan duro, pero aquí vuelvo. A tener miedo a abrir mi diario por si tu nombre aparece en una esquina, por si se ven marcas de lágrimas que susurran que ahí sufrí yo. O de salir a la calle y cruzarme contigo. Porque no puedo mentir, ya no. No puedo fingir que todo va bien al mismo tiempo que lloro. Y yo ya no controlo mis lágrimas.
Siempre estuve sola, tan solo me aferraba a un intento de compañía. Es complicado hacerse a la idea.
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