-No hagas eso.- Dije yo. Él me miro sorprendido mientras guardaba el móvil en el bolsillo. No me inmute.
-¿Él qué?- Estaba sorprendido, no era el hecho de mi intervención lo que le extrañaba. Era no poder predecirme. No entenderme.
-Mentirme. No me hace falta. Es lo que más odio en el mundo, las mentiras.- Bajé la cabeza. Una parte de mi quería que me mintiera. Que me dijera que no había estado con ella. Otra, ya estaba cansada.
-Estuvimos juntos.- Cerré los ojos y me di la vuelta. Tomé aire y me alejé andando, aguantando las lágrimas. Sosteniendome sobre mis piernas para no caer al suelo.- Princesa.- Esa voz, sobre aquella palabra. Me resentí. Paré, necesitaba frenar unos segundos. Él suspiró. Me dispuse a volver a andar cuando pude notar su voz de nuevo.- Eras tú. A cada segundo.- Hizo una pausa, apreté los puños.- Con cada beso. Pensaba en ti, princesa.- Entonces, con la primera lágrima, el primer paso hacia la salida. Me alejé andando. Él estaba ahí, inmóvil. En un intento de declaración. Un intento fallido.
Sonreí costosamente. Una sonrisa intrusa en aquel rostro cubierto de lágrimas. Una intrusa bien recibida.
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