-Me gustaría un manual para ti.- Dijo él, mirándome a la cara, sin piedad, como si no recordara nada. En su realidad ajena a la mía.
-A mi me habría gustado que tus promesas fueran más que un montón de palabras ligeras.- Le respondí con el máximo asco y odio que me pude permitir. Contuve la tristeza y el miedo en lo más profundo de mi.
-Nada es para siempre, me equivoqué al prometertelo.- Se cruzó de brazos. Parecía arrepentido por aquello. Desvió un momento la mirada, luego volvió a quemarme con ella. No, no podía dejarme sentir culpabilidad ni lástima. Él era malo para mi. Eso era todo.
-Yo me equivoqué al creer que podía confiar en ti. No eras más que una gran mentira. Nunca debí dejar que alguien como tu me robará mi sonrisa.- Contuve las lágrimas, pero en vano. Una pequeña gota resbaló por mi mejilla, el la atrapó con su dedo. Negó con la cabeza.
-No más lágrimas por mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario