martes, 20 de marzo de 2012

Era un cosquilleo.

Era un no parar de sentir. Un querer más y más. Era un nada-es-suficiente. Eran suspiros adheridos a mis labios, risas contagiosas y sin causa. Era quererte en cuerpo y alma, incluso diría que te amé con el corazón puesto en ti, con total confianza. Que estábamos en harmonía cuando nos besábamos, cuando caminábamos el uno al lado del otro, sin hablar, porque nos sobraban las palabras y las miradas, los roces, y las sonrisas forjaban mil te quieros irrompibles. Mil te quieros de verdad.

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