Llevo años convenciéndome a mi misma de que no necesito a nadie para vivir, hasta el punto de llegar a creermelo, de verdad. Me he hecho un nudo de ideas y las he manipulado de forma que, inconscientemente, me he mentido a mi misma. Y no me lo trago ya, no me cabe en la cabeza. Porque por muchas veces que me lo repita, bien a gritos, en canciones o enredándome en brazos ajenos, me doy cuenta de que llevo necesitándote más tiempo del que jamás puedas imaginarte. Necesito tener tu forma de ver la vida para guiarme cuando el sol me impide ver, y tus manos firmes para aguantarme mientras hago equilibrios por el bordillo de la acera de el parque. Necesito tus palabras bonitas, bien ciertas o falsas, porque tus mentiras me las creo, quizás la práctica lo haya logrado. En cambio, las mías ya no funcionan.
Miénteme, nene.
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