martes, 8 de mayo de 2012

Estaba intentando ser coherente pero no fui capaz porque la situación era de todo menos cuerda. Así que cogí valor yo que sé de donde, quizás de las ojeras y las noches sin dormir, y lo paré en cuanto pasó por el pasillo delante mía. Se giró y saludó con una sonrisa, cuando iba a irse lo frené por el brazo y lo acerqué como solía hacer antes.
-Me niego a esto. Tú no puedes pasar por delante como si yo fuera cualquiera porque yo no lo soy. Tú deberías esperar para que yo pudiera abalanzarme sobre ti como en las películas de Hollywood y así, devorarte a besos sin ninguna piedad. Si lo prefieres te plantas delante mía y me hablas del tiempo, me da igual, pero dejar ir lo que tenemos es de gilipollas con todas las letras, cada una en su sitio. Ahora bien, haz lo que te de la gana, coge tu cigarro y lárgate pero no vuelvas. 
El cogió una bocanada de aire y me miro extrañado, se soltó del agarre para luego entrelazar sus dedos con los míos y volver a sonreír pero esta vez al borde de la carcajada.
-Que te quiero enana, que te quiero ¿Me oyes? Y que no tienes que rayarte por si te hablo más o menos, que no necesitamos dramatismo ni escenas de películas románticas estilo El diario de Noah,  que a ti y a mi nos llega y que tus celos son estúpidos, porque solo pienso en ti, pequeña. Solo en ti.

Pero por desgracia mi vida no es así, yo no tengo el valor para eso ni él me tiene el cariño ni el amor como para importarle lo más mínimo, así que así pasa, el me roza, saluda con una sonrisa y se larga como si nada. Así otro día más.

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